lunes, 5 de abril de 2010

... ¿o no?

¿O quizá continúa sin que nos demos cuenta?

http://www.youtube.com/watch?v=hNVJpIRt_JQ




Més lluny, heu d’anar més lluny
dels arbres caiguts que ara us empresonen,
i quan els haureu guanyat
tingueu ben present no aturar-vos.
Més lluny, sempre aneu més lluny,
més lluny de l’avui que ara us encadena.
I quan sereu deslliurats
torneu a començar els nous passos.
Més lluny, sempre molt més lluny,
més lluny del demà que ara ja s’acosta.
I quan creieu que arribeu, sapigueu trobar noves sendes.

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Más lejos, tenéis que ir más lejos
de los árboles caídos que os aprisionan.
Y cuando los hayáis ganado
tened bien presente no deteneros.
Más lejos, siempre id más lejos,
más lejos del presente que ahora os encadena.
Y cuando estaréis liberados
volved a empezar nuevos pasos.
Más lejos, siempre mucho más lejos,
más lejos, del mañana que ya se acerca.
Y cuando creáis que habéis llegado,
sabed encontrar nuevas sendas.

¡Feliz vuelta de vacaciones a todos!

Se acabó el viaje...

Pues poco más que contar. Ayer por la mañana paseé por Montevideo, hice algunas fotos






y me encontré con  el final de la vuelta ciclista a Uruguay, pero ya me comenzaba a poder la melancolía. La salida de Uruguay fue un poco complicada, tuve que pedir que recuperarán la mochila después de facturarla para guardar unos bomboncitos que había puesto en el equipaje de mano, pagar seiscientos veinte pesos de tasa de aeropuerto que me dejaron con solo tres pesos para comer... suerte que aún guardaba algo de salamí. Luego el vuelo (después de probar todos los transportes, el avión es sin duda el más incómodo) y la sensación de extraño al volver a casa. ¿Por qué la gente es tan ruda en el trato en España? En fin, supongo que es cuestión de tiempo la readaptación...

Para todos lo que habéis seguido el blog, gracias por compartir este viaje conmigo, os dejo el poema "Mundo" de Mario Benedetti, con sus tres maravillosas últimas estrofas:


No vayas a creer lo que te cuentan del mundo
en realidad el mundo es incontable
en todo caso es provincia de ti

no vayas a creer lo que te cuentan del mundo
aun los que te aman mienten sobre él
probablemente sin saber que mienten

en la vigilia te sentirás lejano
testigo de tu mundo desde el mundo
sin nubes de tu aliento en los cristales

la humareda del hombre se elevará en la noche
pero la expectativa te volverá humilde

en el mundo el abismo es un oficio
las preguntas en vano / una vieja costumbre
los desatinos / marca de abolengo

no vayas a creer lo que te cuentan del mundo
(ni siquiera esto que te estoy contando)
ya te dije que el mundo es incontable

sábado, 3 de abril de 2010

Colonia de Sacramento y Montevideo

Por la tarde tomo el buquebus de Buenos Aires a Colonia del Sacramento en Uruguay. Es Jueves Santo y muchos argentinos comienzan hoy sus vacaciones. El Buquebus cruza el Rio de la Plata y en una hora te deja en una ciudad muy bonita, pequeñita y muy turística que es Colonia del Sacramento. He estado intentando localizar un sitio para dormir pero todos los hostales están ocupados. Además el camping municipal que aparece recomendado en todas las guías fue cerrado por el ayuntamiento el año dos mil siete, así que me temo lo peor. En el buquebus oigo utilizar la palabra camping, así que interrumpo la conversación y pregunto.
Se trata de un músico desexiliado de Uruguay de sesenta años que le explica como es el pais a un sueco de veintitrés (Erik). Erik es un tipo divertidisimo que lleva tres meses en Buenos Aires y hace el viaje a Uruguay para renovar su visa de turista en Argentina. Se acaba de comprar la carpa y no sabe donde va a acampar, así que le propongo que vayamos juntos. Para sellar la amistad compartimos chocolate y galletitas, muestra indudable de unión. Al llegar a Colonia ya es de noche. Erik viaja con una bolsa de mano, otra bolsa de supermercado con la comida, la  tienda de campaña y ... un skateboard. Cuando se lo señalo contesta riendo y mirando al skate con cara de sorpresa "Oh, man! This is so unnecesary", me parto de risa con él. Nos aseguran que hay un camping a tres kilómetros, así que caminamos los dos con sendos interrogantes sobre nuestras cabezas, pero al final conseguimos llegar después de saltar dos vallas y cruzar un campo de fútbol. Al primero que vemos en el camping le preguntamos donde está la recepción. Se rie y nos dice que en la entrada, que como hemos entrado saltando la valla no la hemos visto. Pagamos con pesos argentinos porque no tenemos moneda uruguaya y nos vamos de vuelta al pueblo (ahora sí siguiendo el camino normal) a ver que se guisa. Los precios en Uruguay son en general más caros que en Argentina, así que no vamos a poder ir de bares. Compramos unas litronas y nos sentamos cerca del rio en un paseo donde casi toda la juventud del pueblo está haciendo un botellón. Comenzamos a hablar con dos chicos y una chica y al final cuando nos damos cuenta nos dan están dando las cuatro de la mañana. Volvemos al camping y dormimos.

Por la mañana paseo por la ciudad, una especie de parque temático infestado de turistas. Eso sí, todo en su sitio para hacerse fotos. Una especie de Tossa de Mar de Uruguay.


 Paso por una exposición donde me impresiona este cuadro


Me como unas empanadas en un parque con una cerveza y me paso una hora hablando con dos jubiladas que me aseguran que en tiempo de la dictadura militar se vivía mejor, que hace tres meses en las últimas elecciones han ganado los comunistas y que la gente ya se está arrepintiendo... Al volver al camping para recoger las cosas y tomar el bus a Montevideo veo este cartel de las últimas elecciones y pienso que quizá el lamentable estado en que ya se encuentra refleja en parte el sentir del pueblo uruguayo. El slogan me suena bastante familiar...


Por la noche llego a Montevideo. Recorro un poco acojonado los tres kilómetros que separan la terminal de bus del hostal y después de dejar las cosas como un "chorizo completo" en la Plaza Independencia escuchando Sabina. La gente disfruta de una calida noche de otoño en una ciudad prácticamente vacía en vacaciones. Los uruguayos nacen con un mate en la mano y un termo bajo el brazo. Raros son los que en algún momento de su vida lo abandonan. Camino un rato por la ciudad vieja y vuelvo al hostal para dormir. 
Al día siguiente recorro Montevideo, viendo el mar con unos colores un poco raros...  


y muestras de reciclaje


Por la tarde visito la tumba de Mario Benedetti. Impresionante muestra de humildad. Ni el nombre tiene grabado.


Me vuelvo al hostal, siestecita y entrada de blog.

jueves, 1 de abril de 2010

En Buenos Aires, y de como llegué hasta allí

Los trenes en Argentina son escasos. Y cuando existen, su velocidad es de vértigo. Tan solo hay un tren por semana que salga de Bariloche y lo hace el domingo a las cinco de la tarde. En honor a Anna Puig y a Maruja Torres decido tomarlo. Cuando intento sacar el billete, únicamente queda en clase turista. Van a ser dieciseis horas en un asiento que no se puede ni reclinar (para los que hayan hecho el trayecto, ligeramente peor asiento que el del borreguero que unía Barcelona con Sevilla y Cádiz).

El precio es de risa, unos 10€. El tren recorre quinientos ochenta kilómetros hasta Viedma (atraviesa Argentina de oeste a este, por la parte norte de la Patagonia. Osea que la velocidad media debe ser de... ¿cuarenta?.

Cuando el tren inicia la marcha me doy cuenta de que lo peor no va a ser el asiento. Comienza a entrar polvo por todos lados. Es un polvo finísimo que se mete por todas partes: en la ropa, sobre el pelo, en las manos, de forma que te tienes que ir sacudiendo periódicamente hasta que te acostumbras y aceptas que eres un ser humano cubierto de polvo por todas partes. En el camino a la estación he conocido a una parejita argentina lindisima de 18 y 19 años que además tienen sus asientos detrás del mío. Comenzamos a compartir galletitas y chocolates a medida que el tren avanza. Pronto una chica comienza a hacer mate y uno se da cuenta de que la clase "turista" es la clase en la que se tiene que tomar el billete. Todos comemos, bebemos y hablamos de forma que el viaje se hace llevadero para quién está obligado a hacerlo y toda una experiencia para quienes lo hacemos por voluntad propia. Un chico que conocí en el bus de Esquel a El Bolsón (hippy total) me dice si quiero compartir una cerveza con él y con su amigo en el vagón restaurante. Tomamos y hablamos de política argentina y española. Nos echan para darle de cenar a los que viajan en clase pullman. El tren va parando en pueblos chiquitos y ciudades medianas de la Patagonia central. A su paso, como en una especie de "Bienvenido Mr. Tren" la gente saluda contenta a su paso y a mí se me hace la idea de que les gustaría que pasaran más trenes, que el tren les representa lo público, lo de todos y el bus lo privado, lo propietario y que esta gente que trabaja en el campo sabe lo que quiere. Serán cosas mías.

Dormimos como podemos y al día siguiente nuestras caras son unos poemas entre el polvo y el cansancio. Cuando llego a la estación de Viedma me lavo la cara y los churretes son antológicos (por no hablar de los moquitos negros). Saco el billete en bus a Buenos Aires y me doy un largo paseo por la ciudad.

Indicado por los locales como en una parrilla argentina donde cocina un chino. "Ve donde los chinos" me dicen y yo soy muy obediente y voy. Vuelvo a la estación de autobús y me quedo dormido sobre los asientos (la siesta era irrenunciable). Poco después tomo el bus a Buenos Aires. Los asientos son muy cómodos así que duermo hasta las siete de la mañana. Me despierto en el peaje de la autopista de entrada a esta enorme ciudad que es Buenos Aires. Veo lo feo que es todo y pienso que quiero que me devuelvan a la Patagonia.

Dejo mis cosas en el hostal y me voy a ver la ciudad. Me pego todo el día paseando. Obelisco, Centro, Plaza de Mayo, el barrio de la Boca (bombonera incluida),

 Puerto Madero,

San Telmo, veo casi todo lo turístico al sur del centro. La impresión de la ciudad es que es tremendamente activa (se me hace muy similar a Nueva York) y bastante poco cuidada. Acostumbrado a ver naturaleza en Patagonia, puedo observar que también en Buenos Aires hay todo un ecosistema. A las siete en el centro, las empresas sacan la basura en bolsas que inmediatamente son abiertas por una multitud (si no vi doscientos no ví ninguno) de cartoneros que destrozan la bolsa y sacan de ella los papeles. Me impresiona enormemente. Hay desde niños de seis o siete años hasta señores de cincuenta y por el aspecto uno no diría que se dedican a eso. Argentina me muestra su cara más tercermundista.

Al día siguiente camino por 9 de Julio hacia el norte y paseo por los barrios de los ricos (Recoleta). Jardines bien mantenidos, carriles bici, rutas de jogging, heladerías low-fat, mujeres con tetas de mentira, chicos que trabajan paseando perros, centros comerciales con imaginarium, Nike..., gente bien vestida que desayuna a las once leyendo el periódico... en fin.

Voy al museo de arte moderno latinoaméricano donde hay una excelente exposición de cuadros de la vanguardia cubana. La colección estable del museo no me llama tanto la atención. Paseo por el jardín japonés (una tanga, los jardines que están a su alrededor son igual de bonitos y son gratis) pero allí me tomo una Quilmes con unas almendritas y termino de leer El Aleph de Borges (era obligado terminar de leerlo en Buenos Aires). Me dirigo hacia Palermo Viejo para comer y ver el Barça. Me siento en el bar con la pantalla más gigante que veo y me equipo adecuadamente con una pizza y una cerveza de litro para ver el partido. Se me sientan al lado dos fans del Arsenal y uno me dice: "Te conozco. Tu estás en el mismo hostal que yo". Vemos el partido juntos y por la noche salimos a tomar unas copas en plan tranqui con sus compañeros de la academia de español.