sábado, 3 de abril de 2010

Colonia de Sacramento y Montevideo

Por la tarde tomo el buquebus de Buenos Aires a Colonia del Sacramento en Uruguay. Es Jueves Santo y muchos argentinos comienzan hoy sus vacaciones. El Buquebus cruza el Rio de la Plata y en una hora te deja en una ciudad muy bonita, pequeñita y muy turística que es Colonia del Sacramento. He estado intentando localizar un sitio para dormir pero todos los hostales están ocupados. Además el camping municipal que aparece recomendado en todas las guías fue cerrado por el ayuntamiento el año dos mil siete, así que me temo lo peor. En el buquebus oigo utilizar la palabra camping, así que interrumpo la conversación y pregunto.
Se trata de un músico desexiliado de Uruguay de sesenta años que le explica como es el pais a un sueco de veintitrés (Erik). Erik es un tipo divertidisimo que lleva tres meses en Buenos Aires y hace el viaje a Uruguay para renovar su visa de turista en Argentina. Se acaba de comprar la carpa y no sabe donde va a acampar, así que le propongo que vayamos juntos. Para sellar la amistad compartimos chocolate y galletitas, muestra indudable de unión. Al llegar a Colonia ya es de noche. Erik viaja con una bolsa de mano, otra bolsa de supermercado con la comida, la  tienda de campaña y ... un skateboard. Cuando se lo señalo contesta riendo y mirando al skate con cara de sorpresa "Oh, man! This is so unnecesary", me parto de risa con él. Nos aseguran que hay un camping a tres kilómetros, así que caminamos los dos con sendos interrogantes sobre nuestras cabezas, pero al final conseguimos llegar después de saltar dos vallas y cruzar un campo de fútbol. Al primero que vemos en el camping le preguntamos donde está la recepción. Se rie y nos dice que en la entrada, que como hemos entrado saltando la valla no la hemos visto. Pagamos con pesos argentinos porque no tenemos moneda uruguaya y nos vamos de vuelta al pueblo (ahora sí siguiendo el camino normal) a ver que se guisa. Los precios en Uruguay son en general más caros que en Argentina, así que no vamos a poder ir de bares. Compramos unas litronas y nos sentamos cerca del rio en un paseo donde casi toda la juventud del pueblo está haciendo un botellón. Comenzamos a hablar con dos chicos y una chica y al final cuando nos damos cuenta nos dan están dando las cuatro de la mañana. Volvemos al camping y dormimos.

Por la mañana paseo por la ciudad, una especie de parque temático infestado de turistas. Eso sí, todo en su sitio para hacerse fotos. Una especie de Tossa de Mar de Uruguay.


 Paso por una exposición donde me impresiona este cuadro


Me como unas empanadas en un parque con una cerveza y me paso una hora hablando con dos jubiladas que me aseguran que en tiempo de la dictadura militar se vivía mejor, que hace tres meses en las últimas elecciones han ganado los comunistas y que la gente ya se está arrepintiendo... Al volver al camping para recoger las cosas y tomar el bus a Montevideo veo este cartel de las últimas elecciones y pienso que quizá el lamentable estado en que ya se encuentra refleja en parte el sentir del pueblo uruguayo. El slogan me suena bastante familiar...


Por la noche llego a Montevideo. Recorro un poco acojonado los tres kilómetros que separan la terminal de bus del hostal y después de dejar las cosas como un "chorizo completo" en la Plaza Independencia escuchando Sabina. La gente disfruta de una calida noche de otoño en una ciudad prácticamente vacía en vacaciones. Los uruguayos nacen con un mate en la mano y un termo bajo el brazo. Raros son los que en algún momento de su vida lo abandonan. Camino un rato por la ciudad vieja y vuelvo al hostal para dormir. 
Al día siguiente recorro Montevideo, viendo el mar con unos colores un poco raros...  


y muestras de reciclaje


Por la tarde visito la tumba de Mario Benedetti. Impresionante muestra de humildad. Ni el nombre tiene grabado.


Me vuelvo al hostal, siestecita y entrada de blog.

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