sábado, 27 de marzo de 2010

Resumen de los últimos días

Entre unas cosas y otras ha sido difícil tener acceso a internet los últimos días.

Abandonando la carretera austral

Mi última entrada es sobre Puyuhuapi, un bonito pueblo de pescadores chileno en un fiordo.



Allí pude ver y comentar con un pescador como se calafatea un barco

Aproveché para lavar la ropa y justo después de comer agarré el bus a Santa Lucía, con la esperanza de poder conectar con otro bus que me llevase a Puyuhuapi. Santa Lucía es un pueblo muy pequeñito (unos 300 habitantes) al que la mayoría de los habitantes llegaron después de que hace dos años el volcán Chaitén entrara en erupción y obligase a las autoridades a evacuar a su población. Después de llegar me entero de que el siguiente bus a Futaleufú tardará varios días en pasar así que me pongo a hacer dedo. Se hace de noche y no me para nadie. Busco un alojamiento (en casa de una familia muy amable desplazada desde Chaitén) y paso la noche allí. Como todas las familias en la carretera austral, en esta casa la vida gira alrededor de la cocina de leña. Ésta se sitúa en el centro del salón-cocina y tiene perpetuamente encima dos "teteras", una de cinco litros y otra de un litro, llenas de agua caliente que es muy útil para muchas cosas. La familia gira alrededor: la mujer cocina, el hombre toma mate...
Al día siguiente por la mañana me pongo a hacer dedo en cuanto me levanto junto con un yanki que quiere transportar un kayak a Futaleufú haciendo dedo y varios israelíes. A eso de la una alguien me recoje y me lleva hasta Puerto Ramírez, con menos población aún que Santa Lucía. De allí enseguida otro coche me lleva a Futaleufú. El tiempo está feo y la gente de la ciudad no es amable conmigo, así que decido intentar cruzar en este mismo día a Esquel, en Argentina. Después de varias horas, cuando falta poco para que alochezca un holandés en un coche de alquiler me toma y dice que solo va hasta la frontera. De allí a Esquel tendré que buscarme la vida. Nada más bajo en la frontera le pido al hombre que recibe el coche de alquiler si me puede acercar a Esquel. Acepta, así que genial. En Esquel alucino al estar de vuelta a la civilización después de una semana de carretera austral. Se me abren los ojos ante las vitrinas iluminadas y los supermercados llenos de todo tipo de producto. No lo puedo evitar, me alegro de volver a Argentina. Busco hostal y después me zampo un bife de chorizo con un buen vinito para cenar.

Parque del Alerce Andino

Los alerces andinos (no confundir con los europeos) son árboles milenarios y se encuentran entre los seres vivos más antiguos de la creación. Para visitar el parque de alerces hay que tomar un catamarán que atraviesa un lago precioso

y después caminar durante dos o tres kilómetros. Visito el parque y alucino con los alerces, 
pero también con los arrayanes, que me enamoran. 
 
Camino a Bariloche  

Muy temprano por la mañana salgo camino a El Bolsón. Cuando llego allí está lloviendo, así que me decido tomar el siguiente bus a San Carlos de Bariloche, para ver si allí hace mejor tiempo. Nada más me bajo en Bariloche comienza a diluviar. Mi mochila y yo nos empapamos y me detengo en un patinaje sobre hielo para secarme y tomar un café hasta que amaine. Sale el sol, busco hostal y duermo.

Tres días caminando por el parque municipal Llao-Llao

Dejo parte de mi equipaje en el hostal y tomo el bus 10 hacia la base del sendero que lleva a el refugio López, en el parque municipal Llao-Llao. Pienso hacer una ruta de tres días por el parque. La subida al refugio es corta (unas 2 horas de tiempo real, 4 según el mapa del centro excursionista) aunque muy dura. La parte final empieza a llover agua nieve. El refugio está a unos 1600 msnm. La vista nos desvela una bahí que parece haber sido diseñada más que producida por la naturaleza, la bahía de Bariloche y la península de Llao -Llao. 

Después de hablar con el refugiero para dormir allí desisto de subir a la cima del cerro. Está nublado, dice que es peligroso y que no veré nada. Poco después llega al refugio una pareja de suizos con la que trabo amistad y acabamos pasando la noche jugando al Uno. 
El día siguiente por la mañana, debido al mal tiempo es imposible cruzar al refugio Italia (en la Laguna Negra) por el sendero que transita por las cumbres, así que bajo con los suizos de nuevo a la carretera, camino unos kilómetros por ella y tomo el sendero que sube a la Laguna Negra. Son 14 kilómetros que terminan en "el caracol", una subida en la que en algunos casos tengo que utilizar las manos. Llueve abundantemente y hace un viento atroz, que hace que las gotas se sientan como disparos cuando te dan. Justo antes del refugio hay un paso de viento que prácticamente me tira al suelo. 
 Finalmente llego, me caliento y me cambio de ropa y me ceno una pizza. Estoy reventado. 
Al día siguiente bajo los 14 kilómetros para terminar mi recorrido. Me tomo una cerveza en una fábrica artesanal en la "Colonia Suiza" y espero el autobús. El bus llega, pero a otra parada, así que no lo tomo... grrrrr. Echo a caminar para intentar volver haciendo dedo y alguien en una bicicleta me grita: "No puede ser que seas tú". Es Clementina, con la que coincidí en Torres del Paine y en el Chaltén. Me acompaña un rato y decidimos que alquilaremos juntamente un coche para hacer la ruta de los siete lagos. Al llegar a Bariloche buscamos coche de alquiler y después cenamos de lujo en un italiano.

La ruta de los siete lagos

Alquilamos el coche a las 11 de la mañana y salimos camino Villa La Angostura (unos 80km), donde se encuentra el único bosque de arrayanes del mundo (o eso dicen los argentinos). Al llegar allí alquilamos unas bicis para hacer el sendero de 12 km dentro del parque natural que lleva al bosque de arrayanes. Paramos a comer unas empanadas en una praderita a orillas de un lago.

Continuamos y contemplamos los arrayanes, que tienen algo de mágico. Lamentablemente coincidimos con la llegada de un barco de turistas de forma que no podemos disfrutar del silencio del bosque sino más bien del "Ponte ahí que te hago una foto". Yo también hago fotos, por eso...
Volvemos a hacer los 12 km en bici que nos separan de Villa La Angostura y retormamos el camino en coche que recorre unos escenarios preciosos.

Cuando oscurece paramos en un camping libre (en el que solo hay pescadores) y plantamos las tiendas a la orilla de un lago Espejo. Preparamos un arrocito para cenar. La visión del lago a la luz de la luna y con el techo de estrellas no se puede fotografiar.
Por la mañana seguimos la ruta, sin palabras


pasamos por San Martín de los Andes, que es un pueblo precioso (como no) a orillas de un lago. Nos comemos una pìzza espectacular y seguimos hacia Junín (un pueblo más de trabajadores) donde el escenario cambia para convertirse en estepa patagónica, más seca. De ahí entramos al parque nacional Lanín. Casi de noche acampamos en el último camping del parque (obviamente, a orillas de un lago) y con la vista del volcán Lanín.
Por la mañana hacemos en 6 horas (ida y vuelta) el sendero hasta la base del volcán Lanín.


 Nos zampamos unos bocatas de queso, huevo y tomate (lo que queda) y comenzamos a conducir de vuelta
a Bariloche. Tenemos que estar allí mañana a las 11 de la mañana. Al llegar a San Martín decidimos tomar la carretera que lleva por el paso de Córdoba. Es una carretera de montaña un poco más corta pero con peor ripio y más sinuosa. Acampamos en el lago Filo. Al día siguiente salimos a las 8:00, contemplamos la vista desde el paso

y llegamos a tiempo a Bariloche. Visitamos el museo, comemos y yo me pongo a ver el Barça (que ha ganado al Mallorca) mientras escribo esta entrada.
 
 

 
 
 

martes, 16 de marzo de 2010

Coyhaique - Parque Nacional Queulen - Puyuhuapi

A las ocho me levanto y veo como despierta la ciudad de Coyhaique.
A las nueve ya se ha normalizado la actividad. A las diez estoy en la estación de autobuses, esperando la salida del bus a Puyuhuapi. Me comenta un alemán que a él le vendieron ayer un billete pero como no había suficiente gente, el bus no salió. Rezo para que hoy seamos bastantes. Finalmente a las once menos cuarto somos bastantes y el bus sale. El segundo conductor es muy amable y va haciendo labores de guía, explicándonos que la carretera se construyó en tiempos de Pinochet, y que antes había unicamente un camino que se podía hacer a caballo vadeando varios rios, de forma que sesenta kilómetros podían llevarte una semana. Él está en la zona desde quince años antes de la carretera. Vamos parando para hacer alguna fotos en lugares espectaculares, ante la paciencia de los pasajeros chilenos.

El bus me deja a las cuatro en la puerta del Parque Nacional Queulat. Camino hacia el Ventisquero Colgante. Parece Gulliver en el pais de los gigantes (ventisquero=glaciar). El bosque es muy verde. Lleno de helechos y de musgos y líquenes. Algunas especies son exageradamente grandes.

La vista del ventisquero al final del sendero es alucinante.
Después de ver los sitios de acampada dentro del parque, decido que quiero llegar a Puyuhuapi a pasar la noche. En parte porque quiero dormir en cama, en parte porque quiero dar señales de vida, que hace una semana que no puedo comunicarme con nadie y pienso que estarán preocupados. Según el guardaparques ya ha pasado el último autobús, así que toca hacer dedo. Puyuhuapi está a unos dieciocho kilómetros. Espero durante una hora mientras atardece. Pasan varios coches pero no se detienen. Finalmente pasa un bus y lo paro. Me lleva a Puyhuapi, un pueblo muy bonito, pescador a la orilla de un fiordo. Busco alojamiento (de nuevo en una casa particular habilitada para visitantes) y ceno unas lentejas con arroz y una ensaladita de frutas. Doy un paseito y duermo como un bendito.

lunes, 15 de marzo de 2010

Parque Nacional Cerro Castillo - Coyhaique

Me despierto temprano y me encamino hacia el Parque Natural Cerro Castillo. Hay dos trekkings, uno de 3 días y otro de cuatro... lamentablemente no dispongo de tanto tiempo. También se puede subir a caballo en un día, pero debía haberlo contratado ayer. Decido hacer el camino hasta donde pueda y volver. La guía dice que cuidadín con el camino que está mal señalizado y es fácil perderse. Como yo me he leido el manual de los jovenes castores, creo que no tendré problema, así que me voy solito en busca del cerro.
El camino comienza siguiendo un rio por una llanura. Las vistas del cerro son muy bonitas.
Poco a poco el camino se va empinando, hasta que se convierte en una subida muy importante. Se ven otros cerros que estaba ocultos a medida que subo la ladera de un valle más verde que los que había visto hasta ahora.
Se nota que hacia el norte aumenta la humedad. La disposición del bosque es diferente. Subo durante unas tres horas hasta que ... me pierdo, por sobra de autoconfianza. Sigo subiendo y cuando hace media hora que perdí el camino decido volver para atrás. No me he cruzado con nadie en todas las horas que llevo andando. Empiezo a bajar por sitios complicadillos... las piedras se mueven, tengo que atravesar algún zarzal y algún río... me empiezo a acojonar porque cada vez está más empinado, acabo bajando con pies y manos. A la hora y media de ir campo a través recupero el camino. Bajando se ven unas excelentes vistas de valle.

Al poco me encuentro con una pareja de chilenos que viene de hacer el trekking de los cuatro días. Bajamos un rato juntos. Luego les adelanto. Cuando llego al pueblo estoy muy cansado, han sido unos veinticinco kilómetros con una subida importante. Recojo la mochila de la casa donde dormí, como algo y me pongo a hacer dedo. El sol cae a plomo (son como las cinco de la tarde). Empieza a aparecer muchísima gente para hacer dedo (como unos veinte). Me uno a los chilenos, que como tienen una chica, tienen más posibilidades. Un grupo de once israelíes sacan a las dos tías más buenas que tienen. La competencia está servida. Es la guerra del autostop. Algunos israelíes se suben en una camioneta hacia el siguiente pueblo. La chilena (que es bastante guapa) contrataca conquistando a una familia que va en pickup. Ella puede ir dentro, mientras que su novio y yo iremos en la parte de atrás. La experiencia de hacer cien kilómetros de la carretera austral en la parte trasera de una ranchera con el viento dándote en la cara con toda su fuerza y tu intentando agarrarte para no caerte en las curvas mientras hablas a gritos con un médico chileno es inenarrable. Las vistas son increibles. La entrada a Coyhaique es espectacular. Lástima que la cámara quedó dentro de la mochila y es imposible sacar fotos. A las nueve de la noche llegamos a Coyahique, la capital de la carretera austral.

Una ciudad que huele a leña quemada, pero que no está mal. Especialmente por su enclave entre montañas. Busco alojamiento, saco un billete de autobús para ir mañana a Puyuhuapi, doy un paseo y ceno en el restaurante de Los Bomberos, donde tienen un arte inigualable friendo patatas. Los platos que veo servir siempre vienen debajo de una montaña de patatas fritas. Me encanta la comida saludable. Doy otro paseito, y a dormir.

domingo, 14 de marzo de 2010

La carretera austral. Puerto Guadal - Catedral de mármol - Cerro Castillo

Me despierto, me sirven desayuno y les pregunto como puedo seguir la ruta hacia Rio Tranquilo, para ver la catedral de mármol. Me dicen que  a las ocho y media de la mañana pasa el único bus. Son las ocho y media. Desayuno rápido y llega el bus. Les pago (me piden unos 13€ por todo, les doy algo más) y salgo camino a Rio Tranquilo. En Rio Tranquilo hablo con el Sr. Lenin para la excursión a la catedral de mármol. Se va en barca y se pueden ver unas cuevas que la erosión a excavado en enormes rocas de mármol. Justo al llegar sale un bote con tres argentinos, así que me uno a ellos. El sitio es impresionante.
La barca se introduce por el interior de la piedra, entrando por un lado y saliendo por otro. Espectacular.
Cuando acabo me planteo que hacer, no hay buses hacia mi siguiente destino, Villa Cerro Castillo, unos ciento veinte kilómetros al norte, pero hay un pueblo a veinticuatro kilómetros, así que decido echar a andar e ir haciendo dedo. Ando unos cinco kilómetros sin que pase ni un coche por la carretera... Veo que llegaré andando al siguiente pueblo. Me recoge un campesino y me adelanta dos kilómetros hasta casa de su papá. Dos menos que tengo que andar. Sigo andando durante tres horas, la carretera es generosa en vistas bonitas. 

Llego al cruce del pueblo, llevo unos veinte kilómetros andados y estoy cansado. Como lo que me queda (pan, queso, salchichón y galletitas de postre) y me pongo a hacer dedo. A la hora o así me para un chico joven que viene desde Caleta Tortel (lleva unas ocho horas de viaje por carretera de ripio...). Ya ha parado antes a dos israelíes así que somos cuatro en el coche. Me acerca hasta Cerro Castillo, dónde le invito a un par de cervezas, que acepta encantado. Se va, porque áún le quedan unas horas de camino hasta donde trabaja. Villa Cerro Castillo tiene unos cuatrocientos habitantes. Las casas se las han construido ellos mismos, con madera del bosque. El sitio es muy cutre, pero a la vez extraordinariamente auténtico. Esta gente vive aquí a cien kilómetros por carretera de ripio del pueblo más cercano (unas 3 horas). Me planteo de dónde viene alguien para poder encontrarse mejor en un sitio así. Me encuentro una señora por la calle y me muestra un sitio donde puedo dormir (en su casa). Muy orgullosa me dice que la diseñó ella misma. La casa es para verla... pero obviamente acepto la oferta. Me preparo la cena (pasta con tomate y atún) en una cocina de leña y me echo a dormir. Descubro que a la habitación le falta una lámina de madera y por allí entra todo el frio del exterior. Pero la señora dispone de mantas mil para cubrir este tipo de problemas. Me las echo encima y duermo como un ángelito.

sábado, 13 de marzo de 2010

Ruta Nacional 40 - Los Antiguos - Chile Chico - Puerto Guadal

A las siete voy despertando en el bus. El despertar del que pasa una noche en autobús es por etapas: muy dormido, dormidillo, un ojillo entreabierto, medio grogui y finalmente desperezamiento exagerado y restablecimiento de la actividad neuronal.
Paramos a desayunar en un sitio muy curioso. Los dueños son unos chicos jóvenes que me recuerdan al Carmona (de mi pueblo). Unas horas más tarde paramos de nuevo en Bajo Caracoles. Sólo faltan unas retamas secas pasando por encima de la carretera para completar el paisaje del Far West. Es la pura estepa Patagónica. Kilómetros y kilómetros de llano amarillo. Estoy en la Ruta 40, la de diarios de la motocicleta.
Alrededor de las dos del mediodía llego a Los Antiguos. Chile Chico está a cinco kilómetros según mi guía y a once kilómetros según todo el mundo al que le pregunto. Me paso por información turística y decido dar un paseo por el pueblo. El bus a Chile Chico sale a las tres y media, osea que no tengo mucho tiempo. En mitad del paseo (el pueblo no tiene nada que ver) se me lanzan encima dos perros de esos que en una época en España salían en los telediarios porque mordían a los niños pequeños. Paso más miedo que siete viejas. Obviamente retrocedo y cambio la ruta que me había marcado el energúmeno de información turística. El tipo me mandó a pasar por delante de la casa del criador de perros asesinos. Hace falta ser...
Paso por un parque que el tipo dijo "podrás ver fauna local". Veo unas vacas pastando.

En fin, un fichaje el de información turística.
Llego justo a tiempo para agarrar el bus a Chile Chico. Pasamos la frontera y en Chile Chico compro provisiones para comenzar a hacer la carretera. Chile Chico es otro pueblo con poco interés, así que decido encaminarme hacia el siguiente pueblo. Hay dos israelíes haciendo dedo. Serán las cinco y media de la tarde. Les pregunto si llevan mucho rato y me dicen que cinco horas. Esto tiene mala pinta. Es sábado y el próximo bus no sale hasta el lunes. Me niego a pasar dos días en este pueblo, así que echo a andar carretera adelante. El siguiente pueblo está a diecisiete kilómetros. En el peor de los casos llegaré caminando a la hora de la cena. A los diez minutos de andar me recogen unos campesinos en un pickup. Van al pueblo que está a diecisiete kilómetros. A los cinco kilómetros llegamos a un cruce y les pregunto
- ¿Pero el pueblo no está en la carretera?
- No, está a doce kilómetros.
Me bajo en el cruce. Pasan dos horas y no me para nadie. Me dedico al deporte oficial del autoestopista. Tirar piedras. Rompo una botella a pedradas y le doy a todas las señales de los alrededores. Trato de leer pero el viento hace que sea imposible. Ya me veo desandando los cinco kilómetros que me separan de Chile Chico. Me doy de plazo hasta las siete y media para que no se me eche la noche encima en el camino de vuelta. A las siete y veinte pasa un 4x4 argentino y ... para. Son una parejita muy simpática. Se dirigen a Puerto Guadal. Ni en el mejor de mis sueños. Subo y vamos parando para hacer foto en los miradores del camino, que discurre por la orilla del lago Buenos Aires-General Carrera (el segundo mayor de surámerica).
Al coche no le entran las marchas y en ocasiones nos quedamos parados por minutos mientras él trata de meterla (la primera) y ella le acaricia el hombro para que no se mosquee. El chaval es un cielo y resiste sin cabrearse. Yo en su lugar estaría con un cabreo de caballo.
Llegamos a Puerto Guadal a las diez y cuarto. Bueno, realmente llegamos a la cabaña donde ellos se alojan, que se encuentran a dos kilómetros del pueblo. Tal y como va el coche no me atrevo a pedirles que me acerquen. Me coloco mi linterna en la cabeza y echo a andar.
Al llegar al pueblo no se ve ni un alma. Casi no hay ni luz. Veo una tienda de licores abierta y me encamino hacia allí... ¿por qué será? Atiende un señor mayor. Le pregunto si sabe de algún hospedaje. Me dice que espere. Sale su mujer y me mira de arriba a abajo. Me pregunta que qué quiero. Le contesto de nuevo y me dice que sí, que en su casa me puedo quedar. Le digo que de acuerdo. La señora me recuerda a mi madre y a su consuegra Encarna, que vive en el pueblo. Me meten en la antigua habitación de sus hijos. Le digo si podría cenar algo y me dice que sí y me prepara una chuleta de brontosaurio con arroz y dos huevos... de postre, peras en conserva hechas por ella misma. Ummm... es almíbar para mi paladar.
Al meterme en la cama huelo las sábanas. Limpitas y con suavizante... ¡Qué placer!  


viernes, 12 de marzo de 2010

El Chaltén - R.N. 40

Despierto después de una noche no demasiado buena. Sopla un viento brutal. Por primera vez entiendo las camisetas que ponen "Viento. Mucho viento. Patagonia". El plan para hoy era hacer una excursión en bici hasta el Chorrillo del Salto. Una jornada relajada después de dos días de caminata. De momento me voy a tomar un café con leche con unas "facturas" (así llaman a la bollería en Argentina). Enfrente del café están poniendo un tejado. Se lo lleva el viento. A empezar de nuevo. Comienza a llover. Planifico mi ruta para los próximos días. Voy al cajero a sacar dinero, pero no me da. A los israelíes sí. Deben ser los dueños del banco. Grrr. Me quedan unos 100 pesos (unos 20€) para pasar el día de hoy y el de mañana antes de cruzar a Chile, así que me dirijo a un restaurante que aceptan euros, como y pago con un billete de 50, con lo que consigo algo más de efectivo. Problema resuelto.
Vuelvo para el hostal y me dedico a beber cervezas y jugar a los dados con el tipo de Montana que acampó a mi lado ayer en el campamento Poincenot. El hostal parece un barco hundiéndose. Entra agua por todos lados. A eso de las diez de la noche deja de llover y decido ir caminando hacia la estación de autobuses, que está como a kilómetro y medio del hostal. Ya en el bar de la estación me tomo un litro de cerveza hablando con el barero, su mujer y su hijo, que son todos muy simpáticos con su único cliente. Casi se me olvida que el bus sale a las once y media. Me toca al lado de un chico alemán que lleva un año viajando por todo el mundo. Se nota en algunos detalles que tiene pasta. Me acerco al baño del bus (cerveza obliga) y pega una peste a orines demencial. A medida que la gente va pasando por el baño el olor se extiende a todo el autobús. Estoy sentado justo en la mitad y en ocasiones es casi insoportable. Compadezco al que tiene la última plaza y trato de dormir.

En busca del puma

Los tres últimos días he estado en El Chaltén. Después de varias carreras porque me pensé que había perdido el pasaporte  (que mal trago) agarré el bus a las 7:30 en El Calafate. El bus me dejó en El Chaltén a eso de las 11:30. La vista cuando vas entrando en el pueblo es impresionante. Se encuentra al lado de una pared de roca de unos 100m. Enfrente se pueden ver el cerro Torre y el Fitz Roy ligeramente coronados en nieve y más a la izquierda el glaciar Viedma. La idea de estos dos días es poder ver de cerca el cerro Torre, el Fitz Roy y cazar la pieza de fauna que me falta. Dado que en Torres del Paine pude ver al huidizo huemul, el objetivo es ver un puma, que en este parque parece que hay algunos. Obviamente no me hago ilusiones, porque desde que estuve en el Kruger sé que ver felinos es muy complicado. Pero se hará el intento. Compro provisiones y a la 13:00 comienzo a andar hacia el campamento Poincenot cargado con tienda, saco y demás enredos. El camino estaba marcado como de 3 horas, pero debió marcarlo un amigo, porque cargado y todo lo pude hacer en bastante menos. Planté la carpa sorprendido por lo tranquilo que estaba el campamento. Cuando me disponía a salir dirección al mirador del Fitz Roy, me encuentro con Clementina (la chica con la que caminé en Torres del Paine) que acaba de quitar su tienda y se va al campamento del lago Torre. Es curioso como te vas encontrando la misma gente en diferentes sitios.

Subo hasta el mirador del Fitz Roy. El camino está marcado como peligroso, pero no es muy complicado. Sencillamente mira hacia arriba. La vista desde el mirador es espectacular.

Desciendo y cuando llego al campamento está lleno de israelíes. El tema de los israelíes no lo he tocado nunca en el blog, pero es un fenómeno muy curioso en la Patagonia. Por alguna razón, parece ser que tiene que ver con el final de sus dos años de servicio militar, a los israelíes les deben regalar o obligar a hacer o algo así un viaje por Patagonia. De forma que en la mayoría de sitios te encuentras muchos israelíes. Más de los que había visto jamás en mi vida. Son grupos de chicos y chicas de 22 años más o menos. Y van muchos juntos. Son desagradables, ruidosos y mal educados. Lamento tener que decirlo así, pero así lo he sentido estos días. Jamás te ceden el paso en un camino. Alguna vez  que he coincidido en el bus al lado de alguno, ocupan tu espacio sin ningún tipo de respeto (esto los palestinos lo saben bien). Llegan al hostal e intentan poner la tele en el canal que les da la gana… no sé, que son unos maleducados vaya. Y ni los argentinos ni los chilenos los tragan. Bueno, pues cuando llegué al campamento habían rodeado mi tienda con unas 10 tiendas de israelíes ruidosos. Tuve que dormir con tapones en los oidos (en un campamento, …).

Al día siguiente desperté como a las 8 y hacía un frío de la leche. Como en el parque no permiten hacer fuego me agarré el desayuno y me fui hacia el glaciar de piedras blancas, para calentarme un poco andando. Desayuné mirando al glaciar.

Los glaciares son curiosos. A primera vista no ves más que una masa blanca lejana, pero cuando te detienes un rato a observarlos los azules comienzan a aparecer ante tus ojos. Como muchas cosas, necesitas mirarlas detenidamente durante algún tiempo para poder verlas en realidad.

Caminando de vuelta hacia el campamento, pensé en que reclamo podría utilizar para atraer al puma. En mi mente apareció claramente un sonido: “Numerá, numerá… viva la numeración…”. Así que comencé a cantar “Pavo Real” a ver si la música de “El Puma”, hacía efecto llamada  pero no pareció funcionar. Vaya, el único efecto que surgió es que se me pegó la canción y la estuve cantando todo el día.  

Desmonté la tienda, empaqueté todo en la mochila y seguí el sendero Madre e Hija hasta el campamento Torres. Durante la mayor parte del camino, el Fitz Roy parecía controlar mis pasos desde arriba. Te dabas la vuelta y lo veías allí arriba, amenazante. Cuando llegué al cruce, decidí que por motivos de higiene hoy no acamparía (necesitaba una ducha). Así que dejé la mochila en el cruce y me encamine al mirador del cerro Torre. Me encuentro de nuevo con Clementina y quedamos para cenar esta noche. El camino hasta la laguna Torres es muy sencillo. Como observando el cerro y comentando con un argentino (consultor informático, dios los cría…) que el último japonés que intentó escalarlo se mató. No me extraña. A pesar de ser unos 300 metros más bajo que el Fitz Roy, en mi opinión es mucho más bonito y más impresionante. Como acostumbran a decir aquí es más bello. La subida al mirador es una hora relativamente dura y en mi opinión no compensa. La vista del cerro es prácticamente la misma, aunque hay una bonita vista del glaciar.

Acortar una noche la ruta tiene sus consecuencias. Mis piernas comienzan a pasarlo mal y mi espalda también cuando recupero la mochila. En el mismo cruce veo escondidos  varios sacos de dormir cuando subo a recuperar mi mochila. Nadie ha tocado nada. Cuando después de otras dos horas de camino veo aparecer El Chaltén debajo de una loma, me alegro y me dirijo a buscar una cama. Primer hostal lleno, segundo hostal ok. La cama tiene pinta de confortable y el sitio está muy limpio. Me doy la añorada ducha y voy a un ciber para sacarme el billete. Finalmente volaré el 4 de Abril desde Montevideo a Madrid.

El día de hoy, viernes, me noto muy cansado, así que me quedo por el hostal planificando los próximos días. Esta noche partiré hacia Los Antiguos en un bus que sale a las 23:30 y llega a las 13:30. Catorce horas para menos de 700 kilómetros. Obviamente todo carretera de ripio. Cruzaré (posiblemente a pié) la frontera a Chile Chico y a partir de ahí empezaré a subir la carretera austral a dedo (o como se pueda, pero no hay muchos buses).

P.S. A pesar de la cancioncita, no logré ver el puma. También probé invocando el recuerdo del Media cuando se ponía de portero jugando a centros en la portería del Aleu. Y el de Boris Becker diciendo “Sólo es Puma si pone DasslerPuma”. Nada de eso pareció funcionar… en el próximo parque lo probaré de nuevo.  

P.S.2. Las fotos son chulas pero es imposible colgarlas desde esta conexión, que es lentísima. En cuanto agarre otra mejor las añado.

martes, 9 de marzo de 2010

Hielo

Ayer fue un día fundamentalmente de acumulación de grasas. Me sentí un poco como el extraterrestre de "Sin noticias de Gurb". Me pasee por la calle central del Calafate unas 20 veces y a cada poco me paraba a comer o beber algo. A la hora de la comida compré medio kilo de bife y lo hice en el hostal a la plancha... impresionante. Yo no sé que le hacen a las vaquitas aquí. Por la tarde más de lo mismo, creo que probé todas las empanadillas de manzana, alfajores y chocolates de Calafate. Y por la noche como tenía hambre me fui a un "Todo lo que puedas comer" donde me puse hasta arriba de ternera y pollo a la brasa y me bebí una botellita de vinito, de forma que acabé cantando "Qué bonitas son las extremeñas" en el camino de vuelta al hostal.
Hoy a las 7:00 estaba en pie esperando el bus de la excursion al glaciar Perito Moreno. La excursión es cara, pero merece la pena. Primero fui a las pasarelas de la península de Magallanes (dentro del Parque Nacional de Los Glaciares) desde donde se puede observar el Perito Moreno. Estuvimos un rato y pudimos ver como colapsaban algunos trozos provocando olas en el lago. El glaciar es en algunos sitios de un azul intenso.

Además, detrás apareció medio arcoiris, que hacía que fuera aún más bonita la estampa.


Después nos llevan a un embarcadero y con barca cruzamos hasta la otra orilla, andamos por tierra unos 2 km hasta llegar cerca del glaciar y nos ponen los grampones y los arneses para adentrarnos en el hielo. Nunca había andado con tales instrumentos, osea que para mí es una experiencia totalmente nueva. Inicialmente te da miedo, te parece que el hielo se va a hundir y te va a absorber. Luego vas acostumbrándote y cada vez caminas más rapido. Andamos unas 2 horas por el hielo viendo lagos sobre el glaciar,
pozos en los que el agua se sumerge hasta llegar al fondo, ... no sabía que hubiera tanto movimiento encima de un glaciar.

Desde fuera parece una masa de hielo, cuando lo ves de cerca hay muchas cosas ocurriendo. Comemos unos bocatas sobre el hielo, bebiendo agua que se congeló hace 300 años (según nos dicen). Seguimos otras 2 horitas caminando y viendo el espectaculo. Me recuerda a el camino del volcán Kilauea, sólo que en vez de ser todo negro, en este caso todo blanco y ocasionalmente azul. Hay momentos en que todo lo que ves a tu alrededor es blanco. Parece el planeta de hielo de La guerra de las galaxias. Sólo nos falta ver al Yeti, pero parece que hoy no sale.
Volvemos al origen, nos deshacemos de grampones y arnes y en el barquito de vuelta nos regalan con un whisky y un alfajorcito. Ummm. La excursión mereció la pena.
Mañana a las 7:00 salgo hacia El Chalten. estaré 2 noches acampando en la parte norte del Parque de los Glaciares, lo más cerca posible del mítico monte Fitz Roy. 

lunes, 8 de marzo de 2010

La llamada del deber. Odio al Ministerio

Esta mañana mientras revisaba el correo, me he encontrado un mensaje del Instituo de Investigación en Inteligencia Artificial. La plaza que oposité ya ha salido publicada en el BOE y tengo un mes para volver a Barcelona a firmar. Habitualmente esto ocurría en Junio. Este año se han dado prisa. ¿Por qué? La verdad es que me jode enormemente tener que terminar el viaje tan pronto. Elena no tendrá tiempo de incorporarse en Abril tal y como habíamos previsto. Ahora toca volver a planificar. Me da rabia tener que cambiar el tipo de viaje, que ahora se convierte en unas largas vacaciones, pero no más que eso. Encima la fecha de vuelta coincide con Semana Santa, con lo que los billetes están por las nubes. En fin, esta mañana he estado paseando por el Calafate, pensando en los cambios que hacer a la ruta. Hasta ahora iba planificando más o menos los próximos dos destinos, sin pensar más allá. Ahora tendré que empezar a optimizar más porque el tiempo se ha acortado mucho. Casi seguro que no podré visitar más que la Patagonia. Bueno, no me quejo de unas vacaciones de un mes y pico, pero lo cierto es que hoy es un día de desilusión. Son tantas las cosas que se van a quedar por hacer... Cruzar a Chile a caballo por Villa O'Higgins, subir la carretera austral haciendo dedo, sin prisas... mejor que no le de más vueltas y piense en lo que sí voy a poder hacer. De momento mañana caminaré durante algunas horas con grampones sobre los hielos del glaciar Perito Moreno. Así que a disfrutarlo.

domingo, 7 de marzo de 2010

Yo sobreviví a la W

Ayer, después de 4 intensos días de trekking en el parque nacional Torres del Paine, termine el circuito W. En resumen, 76.7 kilometros de caminata superando desniveles superiores a los mil metros en uno de los escenarios más bonitos del mundo. La belleza del parque es arrebatadora y cada hora de caminata llegas a algún mirador desde el que te quedas sin aliento por la impresionante vista. La ruta que he seguido es la siguiente:

Día 1: Llegada a Laguna Amarga - Mirador Torres - Laguna Amarga

Temprano en la mañana nos recoge el autobús en Puerto Natales. Después de algunas paradas un tanto inexplicables (no sé por qué hay que parar a tomar café en un viaje de 2 horas) llego a las puertas del parque, donde me cobran la entrada y agarro una furgonetilla (2500 pesos) hasta el campamento de Laguna Amarga. Pincho la tienda por primera vez buscando evitar el tan temido viento en Torres del Paine y también estar cerca de una mesa y una barbacoa, que por la noche se agradecerá. Hay una pareja pinchando la tienda al lado, les pregunto si les molesta que me coloque allí y me contestan que no, que adelante y que esta noche cenamos juntos. Llega otra chica y pincha también cerca. Le comento que no encuentro los vientos de la tienda y como tiene la misma me indica donde están. Cuando tenemos los dos montadas las tiendas, me dice si me importa hacer el trayecto con ella, le digo que por mi encantado, ambos preferimos andar acompañados, es mejor por si ocurre cualquier cosa. Nos presentamos. Ella es Clementina, francesa, profesora de español. Pasaremos la mayor parte de mi estancia en Torres del Paine juntos. En ese momento me llama el chico de la parejita y me pregunta si soy catalán. Le digo que sí y la chica dice "ja t'ho deia. Se li notava l'accent." Son Felipe y Marta, chileno él, ella de Berga, una pareja majísima. Aunque no caminaremos juntos, acamparemos en los mismos sitios y compartiremos experiencias a lo largo de todo el viaje.
Comenzamos a camina hacia el campamento Chileno alrededor de la 13:00 quizá, no lo recuerdo exactamente. El camino de hoy son unos 11km con un desnivel de 1000m aproximadamente hasta llegar al mirador de las torres. Una vez allí, de vuelta a la tienda. Clementina anda muy bien, especialmente cuando el camino se pone hacia arriba. En algún momento me comenta que un ex-novio con el que estuvo cinco años era guia de montaña. Eso lo explica todo. El camino es duro, pero la recompensa es impresionante. Cuando llegamos arriba podemos ver un paisaje digno de el señor de los anillos.

De momento el clima se está portando de lujo. Tenemos que usar protector solar para evitar quemarnos. El sol golpea con fuerza. Obviamente, la vuelta es más sencilla que la ida. Al llegar al campamento cenamos también con una pareja (chico y chica) de alemanes y con una pareja de griegos (de unos 60 años). Por la noche hace un frío impresionante, suerte que el saco que compré era grueso. Aún con eso, a las seis de la mañana, me despierta el fresquito. 


Día 2: Laguna Amarga - Campamento Italiano.

Después de desayunar, recojo la tienda y empaqueto todo. Hoy toca caminar durante 16 kilometros y medio con la mochila cargada. Por suerte el camino no tiene desniveles muy elevados, pero sí que está lleno de toboganes (subidas y bajadas continuadas). El camino bordea el lago Nordenskjold. Las vistas de lago

y de los cuernos de Paine 
son increibles. El camino se hace duro porque son muchos kilometros con el peso a las espaldas. Comemos en el refugio los Cuernos, donde me cobran 4000 pesos por un pan después de regatear!! Tremendo robo, pero tengo hambre. Cuando llegamos al campamento italiano después de unas 8 horas, la pinta del sitio es un poco lamentable. Está sucio. Es una lástima que la gente tire basuras en un parque nacional. Acampamos donde podemos porque está muy lleno. Estamos al lado de un rio de deshielo del glaciar. El sitio es muy bonito. El rio hace un ruido bestial porque el agua baja a una velocidad enorme. Por la noche descubrimos que dormir bajo un glaciar tiene sus particularidades, dado que el glaciar truena. Los deshielos de vez en cuando provocan pequeños aludes de hielo y nieve que suenan exactamente como un trueno en mitad de la noche. 


Día 3: Campamento italiano- Mirador en el valle del Frances - Lago Pehoe.
 
Comenzamos el día caminando sin mochilas, subimos durante unos 7,5 km hasta llegar por encima de los mil metros a un circo, un valle rodeado de montañas casi por todas partes. Imponente. Aunque en mi opinión quizá el día más flojo. La vista del lago Nordenskjold desde arriba me parece mucho más bonita. Volvemos a bajar al campamento italiano, comemos, desmontamos las tiendas y agarramos las mochilas para hacer 7.6 kilómetros muy llanitos hasta llegar al campamento del Lago Pehoe. El sitio es realmente bonito. Yo acampo y Clementina decide tomar el ferry para volver a Puerto Natales. El pronóstico para mañana es de lluvia y no tiene ganas de mojarse. A mi me apetece completar la W, así que me quedaré una noche más para ir al Glaciar Grey. Despido a Clementina y me voy a dar una ducha (después de 2 días sin hacerlo, el cuerpo se me relaja que ni te imaginas). Tanto es así que al salir del baño, me tuerzo el tobillo. No lo puedo creer. Después de 60 kilómetros pasando por rios de deshielo, torrentes primaverales, pisando piedras y raices de todo tipo, voy y me tuerzo el tobillo al salir de la ducha limpito con las zapatillas de descanso (con las botas no te lo tuerces ni a posta). ¿Seré capaz de andar mañana los 22 kilómetros que quedan? Decido que me voy a regalar una buena cena y como dentro del refugio. Cobran 10000 pesos (unos 15 euros). Está calentito... me lo como todo, hasta los pepinos de la ensalada!!! Mientras ceno comienza a llover. Putada. Acabo de cenar, corro a la tienda y ... me la había dejado abierta... bueno, no ha entrado mucha agua. La seco como puedo y me tumbo a leer un rato. Al poco me quedo dormido.


Día 4: Lago Pehoe - Refugio Grey - Lago Pehoe
Me despierto temprano, como a las 7:00. Llueve. El tobillo duele. Lo he notado toda la noche. Como a las 7:30 deja de llover, así que me armo de valor y salgo de la carpa. Me enfundo las botas bien apretadas y comienzo a caminar. Desayunaré por el camino. Ando corto de comida. Solo me quedan dos lonchas de jamon york, un trozo de pan, un trocito de chocolate y dos barritas enérgeticas. Los primeros pasos voy con mucho cuidado de como apoyo el pie. Poco a poco el tobillo se va calentando. Parece que la cosa no ha sido para tanto. Después de una media hora llego a la Laguna de los Patos. Desayuno con una vista bonita.
 
Continúo hacia adelante y llego al lago Grey. La vista de los tempanos de hielo que desprende el glaciar es chulísima.
 
El pie sigue doliendo y el camino tiene algunos puntos dificiles. A las 3 horas más o menos desde la salida, llego al mirador del glaciar. La vista es increible



 En el refugio Grey, me tomo un café con leche con la comida que me queda. Hay un grupo de chilenos que gestionan el refugio y un grupo de chilenas que vienen haciendo el circuito. El refugio tiene una buena onda increible, con musica reggae sonando. Me caliento en la estufita y con alguna de las chicas comento el camino. Ahora toca volver. El sol ha salido con fuerza ¡bien! Me pongo protector y camino de vuelta al lago Pehoe. Las piernas se notan cansadas después de tantos días, pero el tobillo ha mejorado mucho con respecto a esta mañana. Casi hago el camino de vuelta del tirón. Llego al lago Pehoe, desmonto la carpa y empaqueto todo para agarrar el ferry a las 18:30 y volver a Puerto Natales. En el ferry, se observa desde lejos el macizo del Paine y me doy cuenta  de todo lo que he caminado. Me parece impresionante. Al fin y al cabo es mi primera travesía de montaña. Es curioso porque se genera como una especie de sentimiento de posesión. He conquistado el macizo, lo he hecho mío al caminar a lo largo de sus lagos, valles y montañas. Imagino que deben sentir los alpinistas cuando ascienden a las cumbres. En el autobús, veo mucha gente que vuelve con lesiones. Un extremeño con el menisco jodido. Chicos que llevan dos mochilas mientras su pareja cojea. Chicas que cargan con el saco y la mochila de su pareja por la misma razón... me siento orgulloso. Sobreviví casi indemne a la W. 
Por la noche, con Felipe y Marta, nos pegamos una cena de lujo. Corderito magallánico y unos litros de cerveza. Ahhhhh

 

miércoles, 3 de marzo de 2010

A por las torres

Aprovecho la espera del autobús que me llevará al parque de Torres del Paine.

Ayer, compré una carpa (tienda de campaña), un saco y una esterilla en la Zona Franca de Punta Arenas y luego agarré el bus para Puerto Natales. Punta Arenas no tiene mucho que ver. Lo que más me llamó la atención fue una estatua de un pastor con su caballo y unas ovejas, rodeada de unos poemas muy bonitos sobre lo que supone ser pastor en estas tierras, lo duro que es y lo orgulloso que se sienten.

En 2 horas habré pinchado la carpa en el campamento del albergue Las Torres y estaré caminando hacia la base de las torres con mi mochila de mano para volver al campamento al final del día. De ahí seguiré el circuito W durante un total de 5 días, así que no podré postear en ese tiempo. Puerto Natales es una ciudad muy bonita con restaurantes de calidad, alojamientos buenos, se nota que aquí llega turismo con mucho dinero a la llamada de las torres. Ayer salí a cenar, teniendo en cuenta que iba a ser mi última comida decente en los próximos días me zampé un lomo a lo pobre (ternera con 2 huevos fritos, patatas fritas y cebolla) en un restaurantito local (el Andrés, muy recomendable) charlando con el camarero sobre el desastre de Concepción (el terremoto), ya que sus papás son de allá. El hostal en el que estoy me cuesta unos 12 euros y es muy bueno, se llama Patagonia Adventure y he dormido como un bendito en él. Ayer pude cambiar el libro de "La carretera" en el hostal (lo siento Juan Antonio, no podía cargar con él todo el viaje y ya me lo leí). Agarré una novela de Benedetti, que me acompañará por el parque.

martes, 2 de marzo de 2010

Nostalgia de Ushuaia

El domingo fue un día muy bueno. Junto con Federico e Isabel, intentamos subir el cerro Guanaco, dentro del Parque Nacional de Tierra de Fuego. El cerro tiene 976m de altura y se parte desde el nivel del mar. A 2km de la cima, nos empezó a nevar, de forma que no conseguimos llegar arriba, porque la parte final del ascenso era sobre roca y daba miedo con el viento y la nieve que caía. Después de eso estuvimos paseando por senderos del parque, que es muy muy bonito. La lata es que la lluvia aparecia y desaparecia y aunque ibamos bien cubiertos, al final acabamos hartos. Por la tarde estuvimos cenando en el hostal y jugando al Pictionary y al chichón con un Fernet coca y unas cervezas.


Me parece increible los lazos que se crean en un viaje como éste en tan poco tiempo. Al final pasas todo el día con un grupo de gente que acabas de conocer y se convierten en amigos y casi en familia. Hoy he dejado Ushuaia y la Tierra de Fuego para pasar a Chile, concretamente a Punta Arenas, capital de la Patagonia (o eso dicen ellos). He podido experimentar una sensación extraña, porque tras despedirte, te das cuenta que esas personas con las que has sido uña y carne durante unos días y que lo has pasado estupendo con ellos, es muy probable que no vuelvas a verlos nunca más. Y te embarga una sensación de alegría por lo bien que lo has pasado y de honda tristeza por lo efímero. Hoy han sido 12 horas de autobús, más 2 de esperar a que llegara (desde las 6 de la mañana esperando hasta las 8, sin comentarios). La verdad que el viaje no se me ha hecho pesado, porque los paisajes son de lo más bonito. Las montañas de roca de Ushuaia, que esta mañana he visto por primera vez cubiertas de nieve más allá de los glaciares, han dejado lugar a la estepa patagónica, con llanos verdes sembrados de vegetación baja y pequeños riachuelos. Pero me ha dado tiempo de pensar, cosa que no he podido hacer mucho los últimos dos días (estaba ocupado pasándomelo de lujo), y de recordar todo lo que ha pasado, mientras escuchaba Inti illimani y Silvio Rodríguez. De momento las sensaciones son muy buenas. Me imagino que tendrán que venir días peores y en los que me sienta más sólo, pero tal y como he podido leer en una pegatina mientras pasaba la frontera de Argentina a Chile: "El peor día de vacaciones es mejor que el mejor día trabajando". 


Mañana, daré una vuelta por la ciudad, cambiaré euros a pesos y agarraré el bus a Puerto Natales para preparar el equipo para los 5 días de trekking que me esperan en Torres del Paine.