domingo, 14 de marzo de 2010

La carretera austral. Puerto Guadal - Catedral de mármol - Cerro Castillo

Me despierto, me sirven desayuno y les pregunto como puedo seguir la ruta hacia Rio Tranquilo, para ver la catedral de mármol. Me dicen que  a las ocho y media de la mañana pasa el único bus. Son las ocho y media. Desayuno rápido y llega el bus. Les pago (me piden unos 13€ por todo, les doy algo más) y salgo camino a Rio Tranquilo. En Rio Tranquilo hablo con el Sr. Lenin para la excursión a la catedral de mármol. Se va en barca y se pueden ver unas cuevas que la erosión a excavado en enormes rocas de mármol. Justo al llegar sale un bote con tres argentinos, así que me uno a ellos. El sitio es impresionante.
La barca se introduce por el interior de la piedra, entrando por un lado y saliendo por otro. Espectacular.
Cuando acabo me planteo que hacer, no hay buses hacia mi siguiente destino, Villa Cerro Castillo, unos ciento veinte kilómetros al norte, pero hay un pueblo a veinticuatro kilómetros, así que decido echar a andar e ir haciendo dedo. Ando unos cinco kilómetros sin que pase ni un coche por la carretera... Veo que llegaré andando al siguiente pueblo. Me recoge un campesino y me adelanta dos kilómetros hasta casa de su papá. Dos menos que tengo que andar. Sigo andando durante tres horas, la carretera es generosa en vistas bonitas. 

Llego al cruce del pueblo, llevo unos veinte kilómetros andados y estoy cansado. Como lo que me queda (pan, queso, salchichón y galletitas de postre) y me pongo a hacer dedo. A la hora o así me para un chico joven que viene desde Caleta Tortel (lleva unas ocho horas de viaje por carretera de ripio...). Ya ha parado antes a dos israelíes así que somos cuatro en el coche. Me acerca hasta Cerro Castillo, dónde le invito a un par de cervezas, que acepta encantado. Se va, porque áún le quedan unas horas de camino hasta donde trabaja. Villa Cerro Castillo tiene unos cuatrocientos habitantes. Las casas se las han construido ellos mismos, con madera del bosque. El sitio es muy cutre, pero a la vez extraordinariamente auténtico. Esta gente vive aquí a cien kilómetros por carretera de ripio del pueblo más cercano (unas 3 horas). Me planteo de dónde viene alguien para poder encontrarse mejor en un sitio así. Me encuentro una señora por la calle y me muestra un sitio donde puedo dormir (en su casa). Muy orgullosa me dice que la diseñó ella misma. La casa es para verla... pero obviamente acepto la oferta. Me preparo la cena (pasta con tomate y atún) en una cocina de leña y me echo a dormir. Descubro que a la habitación le falta una lámina de madera y por allí entra todo el frio del exterior. Pero la señora dispone de mantas mil para cubrir este tipo de problemas. Me las echo encima y duermo como un ángelito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario