viernes, 12 de marzo de 2010

En busca del puma

Los tres últimos días he estado en El Chaltén. Después de varias carreras porque me pensé que había perdido el pasaporte  (que mal trago) agarré el bus a las 7:30 en El Calafate. El bus me dejó en El Chaltén a eso de las 11:30. La vista cuando vas entrando en el pueblo es impresionante. Se encuentra al lado de una pared de roca de unos 100m. Enfrente se pueden ver el cerro Torre y el Fitz Roy ligeramente coronados en nieve y más a la izquierda el glaciar Viedma. La idea de estos dos días es poder ver de cerca el cerro Torre, el Fitz Roy y cazar la pieza de fauna que me falta. Dado que en Torres del Paine pude ver al huidizo huemul, el objetivo es ver un puma, que en este parque parece que hay algunos. Obviamente no me hago ilusiones, porque desde que estuve en el Kruger sé que ver felinos es muy complicado. Pero se hará el intento. Compro provisiones y a la 13:00 comienzo a andar hacia el campamento Poincenot cargado con tienda, saco y demás enredos. El camino estaba marcado como de 3 horas, pero debió marcarlo un amigo, porque cargado y todo lo pude hacer en bastante menos. Planté la carpa sorprendido por lo tranquilo que estaba el campamento. Cuando me disponía a salir dirección al mirador del Fitz Roy, me encuentro con Clementina (la chica con la que caminé en Torres del Paine) que acaba de quitar su tienda y se va al campamento del lago Torre. Es curioso como te vas encontrando la misma gente en diferentes sitios.

Subo hasta el mirador del Fitz Roy. El camino está marcado como peligroso, pero no es muy complicado. Sencillamente mira hacia arriba. La vista desde el mirador es espectacular.

Desciendo y cuando llego al campamento está lleno de israelíes. El tema de los israelíes no lo he tocado nunca en el blog, pero es un fenómeno muy curioso en la Patagonia. Por alguna razón, parece ser que tiene que ver con el final de sus dos años de servicio militar, a los israelíes les deben regalar o obligar a hacer o algo así un viaje por Patagonia. De forma que en la mayoría de sitios te encuentras muchos israelíes. Más de los que había visto jamás en mi vida. Son grupos de chicos y chicas de 22 años más o menos. Y van muchos juntos. Son desagradables, ruidosos y mal educados. Lamento tener que decirlo así, pero así lo he sentido estos días. Jamás te ceden el paso en un camino. Alguna vez  que he coincidido en el bus al lado de alguno, ocupan tu espacio sin ningún tipo de respeto (esto los palestinos lo saben bien). Llegan al hostal e intentan poner la tele en el canal que les da la gana… no sé, que son unos maleducados vaya. Y ni los argentinos ni los chilenos los tragan. Bueno, pues cuando llegué al campamento habían rodeado mi tienda con unas 10 tiendas de israelíes ruidosos. Tuve que dormir con tapones en los oidos (en un campamento, …).

Al día siguiente desperté como a las 8 y hacía un frío de la leche. Como en el parque no permiten hacer fuego me agarré el desayuno y me fui hacia el glaciar de piedras blancas, para calentarme un poco andando. Desayuné mirando al glaciar.

Los glaciares son curiosos. A primera vista no ves más que una masa blanca lejana, pero cuando te detienes un rato a observarlos los azules comienzan a aparecer ante tus ojos. Como muchas cosas, necesitas mirarlas detenidamente durante algún tiempo para poder verlas en realidad.

Caminando de vuelta hacia el campamento, pensé en que reclamo podría utilizar para atraer al puma. En mi mente apareció claramente un sonido: “Numerá, numerá… viva la numeración…”. Así que comencé a cantar “Pavo Real” a ver si la música de “El Puma”, hacía efecto llamada  pero no pareció funcionar. Vaya, el único efecto que surgió es que se me pegó la canción y la estuve cantando todo el día.  

Desmonté la tienda, empaqueté todo en la mochila y seguí el sendero Madre e Hija hasta el campamento Torres. Durante la mayor parte del camino, el Fitz Roy parecía controlar mis pasos desde arriba. Te dabas la vuelta y lo veías allí arriba, amenazante. Cuando llegué al cruce, decidí que por motivos de higiene hoy no acamparía (necesitaba una ducha). Así que dejé la mochila en el cruce y me encamine al mirador del cerro Torre. Me encuentro de nuevo con Clementina y quedamos para cenar esta noche. El camino hasta la laguna Torres es muy sencillo. Como observando el cerro y comentando con un argentino (consultor informático, dios los cría…) que el último japonés que intentó escalarlo se mató. No me extraña. A pesar de ser unos 300 metros más bajo que el Fitz Roy, en mi opinión es mucho más bonito y más impresionante. Como acostumbran a decir aquí es más bello. La subida al mirador es una hora relativamente dura y en mi opinión no compensa. La vista del cerro es prácticamente la misma, aunque hay una bonita vista del glaciar.

Acortar una noche la ruta tiene sus consecuencias. Mis piernas comienzan a pasarlo mal y mi espalda también cuando recupero la mochila. En el mismo cruce veo escondidos  varios sacos de dormir cuando subo a recuperar mi mochila. Nadie ha tocado nada. Cuando después de otras dos horas de camino veo aparecer El Chaltén debajo de una loma, me alegro y me dirijo a buscar una cama. Primer hostal lleno, segundo hostal ok. La cama tiene pinta de confortable y el sitio está muy limpio. Me doy la añorada ducha y voy a un ciber para sacarme el billete. Finalmente volaré el 4 de Abril desde Montevideo a Madrid.

El día de hoy, viernes, me noto muy cansado, así que me quedo por el hostal planificando los próximos días. Esta noche partiré hacia Los Antiguos en un bus que sale a las 23:30 y llega a las 13:30. Catorce horas para menos de 700 kilómetros. Obviamente todo carretera de ripio. Cruzaré (posiblemente a pié) la frontera a Chile Chico y a partir de ahí empezaré a subir la carretera austral a dedo (o como se pueda, pero no hay muchos buses).

P.S. A pesar de la cancioncita, no logré ver el puma. También probé invocando el recuerdo del Media cuando se ponía de portero jugando a centros en la portería del Aleu. Y el de Boris Becker diciendo “Sólo es Puma si pone DasslerPuma”. Nada de eso pareció funcionar… en el próximo parque lo probaré de nuevo.  

P.S.2. Las fotos son chulas pero es imposible colgarlas desde esta conexión, que es lentísima. En cuanto agarre otra mejor las añado.

2 comentarios:

  1. Encontrar felinos en el Kruger tenía trampa, sólo teníamos que seguir a los "coches-guía". Cuando salían zumbando ... era la señal que indicaba que les habían avisado por radio de alguna aparición. jajaja

    Gracias por tus relatos, a los que estamos aquí, nos hace un poco soñar estar allí y sólo soñarlo merece mucho mucho la pena ... y eso que por aquí también hemos visto glaciares, el lunes pasado sin ir más lejos, hubo un temporal de nieve brutal, tarde 6 horas en llegar a casa desde el trabajo. :-)

    Por cierto, el próximo viaje me hago un blog. :-P

    PD: Ya nos contarás como esta el vino chileno, que también lo venden aquí en el Lidl

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  2. La imagen de ti desayunando frente a un glaciar en una mañana fria para acto seguido ponerte a cantar El Puma es impagable :D.

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